Ya en octubre de 2015 puse esta canción en el blog nada más descubrirla como el tema principal del album perteneciente al musical "Waitress" de Sara Bareilles. (She used to be mine - Sara Bareilles). Una canción perfecta que interpretada por la cantante es de una belleza arrebatadora. Pero no podía dejar pasar la extraordinaria versión en directo de Rufus Wainwrigt y la propia Sara Bareilles acompañados por la National Symphony Orchestra en el Kennedy Center la noche del 31 de diciembre de 2024. Y es que no es una simple interpretación, es la representación de dos momentos distintos de una misma experiencia emocional.
“She Used to Be Mine” es, en esencia, una canción sobre la pérdida de la propia identidad. Su protagonista mira hacia atrás y descubre que la persona que fue ya no existe del mismo modo. No está hablando simplemente de nostalgia: está haciendo una especie de inventario emocional de todo aquello que la vida le ha ido arrebatando. En el musical, la canción pertenece a Jenna, una mujer atrapada en una vida que no había elegido, en una relación con un hombre que la maltrata y ante un embarazo inesperado. La canción funciona como una especie de conversación íntima con la mujer que fue antes de que las circunstancias la transformaran.
Por eso el texto contiene simultáneamente arrepentimiento, tristeza, ternura y esperanza. Jenna no solamente lamenta lo que ha perdido: empieza a imaginar que quizá todavía pueda recuperar algo de aquella mujer.
Lo fascinante de esta versión a duo, radica en la primera parte del tema interpretado por Rufus Wainwright. Su voz aporta una cualidad diferente a la de Bareilles. Es más teatral, frágil, melancólica y ambigua. No parece interpretar la canción como una mujer atrapada en unas circunstancias concretas, sino como alguien que está contemplando desde cierta distancia a la persona que fue. Wainwright convierte la primera sección casi en un monólogo interior.
Su manera de frasear transmite cansancio, pero no desesperación. Hay una especie de resignación elegante. Cuando canta las descripciones de aquella mujer imperfecta, parece estar acariciando un recuerdo. Y esto produce un efecto muy interesante: la canción deja momentáneamente de pertenecer exclusivamente a la protagonista. La historia se vuelve universal.
Y entonces aparece Sara y como creadora de la canción y conocedora de su arquitectura emocional vuelve a esa dimensión confesional, alcanzando un momento culminante cuando ambas voces convergen definitivamente y la canción alcanza su máxima intensidad.
En definitiva, esta versión me parece musicalmente extraordinaria porque no intenta demostrar lo buenos cantantes que son Bareilles y Wainwright. Hace algo mucho más difícil: utiliza las diferencias entre sus voces, el piano y la orquesta para convertir una canción sobre la pérdida de identidad en una pequeña pieza de teatro musical sin escenario.
Hacía tiempo que no oía y sentía algo igual.
